domingo, 31 de mayo de 2009


Es el cumpleaños de Victoria

Por Mariana Rabaini, desde Santa Fe
marianarabaini@hotmail.com


Las épocas están marcadas por los nombres, y con un nombre se funda a una persona. Los nombres son una especie de moda o de clima de un momento. Las generaciones tenemos signos que nos identifican y el cómo nos llamamos es una de las marcas que yo tengo muy presentes. Me llamo Mariana, como tantas de las que nacimos a fines de los 70 en la Argentina , y estuve a punto de ser Laura o Victoria, como mi amiga y hermana adoptiva que se casa mañana. Victoria, como mi íntima amiga que me espera a tomar mates en un rato, o como otra, con la que alguna vez trabajamos juntas en un diario y se acaba de conectar al Messenger. Victoria es un nombre de origen latino y significa vencedora.
Anoche miré una película que me resultó impresionante, de esas en que la perfecta realización te sucumbe dentro del relato, de la época y las actuaciones que son tan perfectas tanto como sus personajes: complejos y profundos; Reencuentro –de Ben Sombogaart estrenada en 2005- es uno de esos films que se te meten tan adentro o te meten tan adentro que ni siquiera dejan traslucir cómo están hechos, porque ni siquiera los vestuarios y el arte con el que dibujan cada momento histórico parecen montados para el cine; pareciera entonces que la Guerra Mundial está ocurriendo en este momento y que esos no fuesen escenarios cuyo objetivo es revivir el pasado.
Anna y Lotte eran hermanas –gemelas- y fueron separadas en su infancia, luego de la muerte de su madre. A Lotte la desterraron de Alemania, su país de origen y se la llevaron a Holanda con unos tíos comprensivos pero contradictorios y opulentos, que se propusieron que la nena continuara sus estudios y su formación en música e idiomas. A Anna la dejaron en la Alemania sometida a la sombra de Hitler, en una aldea de campesinos que la esclavizaron desde la infancia donde trabajó hasta que un cura que la rescató del maltrato de esos granjeros la interna en una escuela de servicio doméstico. Después de años Lotte (crecida en una ambiente con libertad) y Anna (educada para obedecer) se encuentran, luego de cartas frustradas –de ambas- que se escribieron cuando niñas y que nunca llegaron a destino, censuradas por los adultos que estaban a cargo de las gemelas.
El guión de la película está narrado con flashback y juega entonces con el transcurrir de estas mujeres en momentos distintos de su vida (infancia, juventud y vejez), que algunas pero muy pocas veces se cruzan. Lotte y Anna trabajan, se enamoran, se encuentran, se reconocen, se abandonan y ya no se identifican hasta que siendo ancianas se abrazan por última vez.
Mi familia está conformada prácticamente por mujeres, con la particularidad de que somos dos hermanas en cada lado, mi mamá y su hermana, su papá tenía un hermano, tengo dos primas por el lado materno, dos primas por el paterno (gemelas también), mi hermana Valentina y yo. Las relaciones de hermanas son profundas y eternas; se crece jugando y peleando, se eligen caminos parecidos, pero diferentes, se dibujan identidades, preferencias, te reconocés, discutís, disfrutás de los sobrinos como en mi caso, que hasta el momento son también dos.
No imagino mi vida sin mi hermana, no imagino me infancia sin ir a la misma escuela, compartir el club, y hasta elegir estudiar el mismo instrumento, la flauta. Tampoco imagino otra infancia sino la que tuve a principios de los 80 en Santa Fe con rastros de la dictadura, con la pelea por la democracia, durmiendo entre discusiones políticas, marchas en la calle, descubriendo qué cosa eran los desaparecidos o eligiendo como nombre de mi primera muñeca la palabra Justicia.
A aquellas hermanas les pasó otra cosa… Lotte en Holanda se enamoró de David, un músico judío. Anna en Alemania influenciada por el nazismo se casó con Martín, un soldado del ejército de Hitler. David murió en Auschwitz en las cámaras de gas. Martín murió volado por granadas peleando con el ejército nazi.
En la vejez, cuando Anna (sumisa, sola y simple) encuentra a Lotte (“educada”, con nietos y de vacaciones en un spa) es culpada por su gemela de ser una nazi que mató a su joven amor. Las instancias políticas, históricas e ideológicas hicieron tan diferentes a estas mujeres hermanas que terminaron culpándose en lo personal de las circunstancias generales de los países en los que se criaron, de sus gobiernos y de las bestialidades mismas de la guerra de las que ambas fueron víctimas.
Clara y Victoria
Ayer me llegó otro mensaje de otra hermana Argentina, a través de Facebook (www.facebook.com). Clara propone que cambiemos la foto de nuestro perfil por la de “Clara busca a Victoria”. Clara también fue separada de su hermana cuando los responsables de la última dictadura militar en nuestro país se llevaron a su madre (que estaba embarazada de Victoria), y continúa desaparecida hasta hoy tanto como su padre.
Clara Petrakos fue separada de Victoria, no pudo conocerla… y a través de todos los medios que tiene a su alcance está buscándola bajo la frase “Hermana te abrazo”. Clara manda mails con su foto junto a la de su madre y su padre porque sabe que Victoria se va a reconocer en esos rostros -seguramente- porque como pasa con las hermanas, todas tenemos la mirada, o el color, o la piel, o los ojos, o la sonrisa muy parecida.
Victoria Petrakos también nació a fines de los 70, nació en cautiverio entre el 8 y el 13 de abril de 1977 en Banfield –provincia de Buenos Aires- en un centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Banfield. Victoria puede tener otro nombre, otro apellido, otra fecha de nacimiento y hasta residir en cualquier país. Victoria Petrakos, ese es su verdadero nombre… está cumpliendo años en estos días… 32 años… y no lo sabe, no conoce su verdadera identidad.
Victoria quizás tampoco sepa que tiene una hermana que la está buscando, que su hermana Clara Petrakos no compartió su infancia con ella y que está haciendo todo lo posible para que se entere que fue arrebatada de los brazos de su madre -que era docente de música-, y que la está buscando desde hace años. Clara propone una dirección de correo electrónico para que estemos en contacto con ella en está búsqueda: buscoavictoria@yahoo.com.ar
Siempre es necesario más, nunca son suficientes las redes y todas y todos podemos ser una mano más o una voz que cuente la historia hasta llegar a Victoria, hasta ser Victoria. Todos los organismos nacionales, internacionales y la Justicia conocen la búsqueda, pero Victoria Petrakos seguramente está a punto de enterarse, o si duda, de animarse.
Mientras miraba la película Reencuentro me acordaba de Clara y Victoria. Quizás sea porque tengo la suerte de recordar cuando jugábamos a la ronda en la plaza con mi hermana Valentina. Cuando Anna y Lotte –viejas- se sentaron en un enorme parque a charlar de la vida que habían tenido, pensé que este es el momento para que Clara y Victoria estén juntas, que no puede pasar más tiempo, que no pueden ocurrir más arrebatos, que tenemos que reconocernos, que tenemos que nombrarnos, que somos responsables de nuestra época y que como Victoria significa vencedora, seguramente está por llegar.

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